![]() |
«La búsqueda de la felicidad es la lucha contra el malhumor» |
El músico vicense completa su universo particular, corregido y aumentado, en su sexto disco en solitario, 'Matem els dimarts i els divendres' ('Matamos los martes y los viernes')
Subir a Vic un jueves por la mañana es un viaje de placer, que obliga a la relajación por la lentitud del tren. Quimi Portet, autodenominado astro intercomarcal, nos recibe en su casa, un caserón que había sido el Orfeón Vicense pero también de la CNT y de la Falange. Primera entrevista de 'Matem els dimarts i els divendres', su sexto álbum en solitario.
¿Cómo se entiende que usted pase por ser un amante de la broma y la primera palabra del primer single, 'Hostessa', sea "tristeza"?
Porque creo que la búsqueda de la felicidad es una lucha contra el malhumor. El malhumor es como una fuerza de la gravedad moral que existe en la vida social. Y en mi caso, mucho de la manera de funcionar, cuando escribo letras, cuando hago propaganda, cuando estoy en mi blog, es luchar contra esto.
Es una herramienta de crítica social porque usted habla de un mundo manoseado, de un desconcierto general... ¿También es una herramienta de escapismo?
Hay un punto de necesidad de escaparse, sí. Es imposible que yo pueda desgrapar el mundo, porque está muy manoseado, muchísimo, por más ecologistas que haya. Hay un momento en el que sólo queda escaparse y buscar tu pequeño reducto de civilización. Y, atención, mi reducto no necesariamente debe ser entendido por nadie. Tenemos derecho a este espacio de ironía propia, único y algo críptico.
¿Es inconformista, antisistema...?
No me he analizado tanto, pero tengo la suerte de vivir en una torre de marfil mental que me he construido. Soy un experimento sociológico que hago yo mismo. Vivo en un mundo dónde me filtro la información y me manipulo para ser más feliz.
En 'Matem els dimarts i els divendres' se ve quizás más que nunca una versión corregida y aumentada de este universo particular. ¿Qué quiere explicar exactamente?
Quiero pasármelo bien. Esto puede sonar frívolo pero también un proyecto intelectual en un mundo tan manoseado. Pasárselo bien empieza a tener connotaciones heroicas.
Hay letras que beben de las anécdotas de Francesc Pujols: "de hombres así ya no se hacen", "haré la vuelta al mundo sin invitar"...
Él es al primer tercio del siglo XX de la cultura catalana lo que Jimmy Hendrix es a los hippies: hizo pocas cosas pero su icono es muy importante. Pujols es la imagen que hace pensar que hasta el año 36 había la posibilidad que Cataluña fuera un país normal.
El título del disco se ha de explicar.
Muy sencillo. Entro en una carnicería con Antonio Fidel a comprar una morcilla. Era lunes y la carnicera me dice: "Lo siento, Quimi, matamos los martes y los viernes". Nos miramos Antonio y yo y decimos: "Ya tenemos título para el nuevo disco". Me encanta: tiene un punto terrorífico pero a la vez alocado.
Hay en 'Matems...' el regreso a sonoridades de 'Acadèmia dels somnis' o de 'Cançoner electromagnètic'.
He querido que sonara bien, consistente, pero el disco está poco tratado electrónicamente e incluso hemos dejado errores o alguna risa.
¿Se siente más cerca de los riesgos musicales de Los Burros que del Último de la Fila?
Ni del uno ni del otro. Me lo he pasado muy bien montando grupos, pero ha llegado un momento en que me gusta trabajar solo.
Se le emparenta con una generación de músicos como Sisa, Pau Riba... Pero usted ha estado un tiempo fuera de este ambiente. ¿Se arrepiente?
No, porque siempre me he dedicado a la música. Me he sentido ligado siempre, con esta gente, que son un poco mas grandes. He hecho otras cosas pero no quiere decir que fuera diferente. Estoy en una generación dónde no hay nadie y que me hace entender a gente joven como Albert Pla. Soy de una generación difícil. Pero se ha podido ganar la vida. Y tanto! Pero hay mucha otra gente que se la ha ganado. Ganarse la vida con la música tiene que ver más con la suerte que con el talento.
¿Es difícil ser músico en Cataluña?
Es factible, pero hace falta tener en cuenta tres obviedades: somos una cultura pequeña, con una lengua minoritaria y minorizada y hay más gente que habla castellano o inglés que catalán. Pero debemos tener derecho a una vida mínimamente digna en catalán.
Ahora que hace referencia a la lengua y que mucha otra gente lo ha conocido en 'Caçadors de paraules'. ¿Le preocupa el futuro del catalán?
No me siento preocupado para nada que no sea mi futuro como bípedo. Estoy orgulloso de pertenecer a la cultura que pertenezco pero no tengo la pulsión patriótica. Y esto es muy catalán: somos un grupo de individualistas articulados alrededor de un problema.
Empieza la gira pronto. ¿Le ha acabado cogiendo el gusto a los conciertos?
Definitivamente. Cuando se acabó El Último, decidí que estaría unos años sin hacer conciertos y hice dos discos sin gira. Ahora he hecho un reciclaje: he vuelto a los escenarios pequeños y he interactuado mucho con el público. Me vienen ganas de llorar en cada concierto de lo bien que lo pasamos. Nos lo pasamos de cojones, y esto no se puede fingir ni disimular.
Entrevista realizada por el diario Avui
Por: Albert Balanzà