Entrevista La Vanguardia (28/09/04)
VÍCTOR-M. AMELA
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LA TIERRA
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Acaba de sacar un disco titulado La Terra és plana en el que -me dice- "está todo lo que he aprendido en todos estos años: ¡me gusta muchísimo!". Me intriga lo de la Tierra plana, y me lo explica: "Viví uno de los traumas de mi vida el día en que mi padre me explicó, con una manzana y una mandarina, que la Tierra era redonda. ¡A mí me encantaba que fuese plana! No he olvidado aquel funesto día... ¡Qué putada que la Tierra sea esférica! Te pones a dar vueltas y vuelves siempre al punto de partida...". Hablar con Quimi Portet es pasar un buen rato: dice lo que piensa con sencillez, como esto: "En música está hoy de moda hablar de mestizaje para encubrir lo que es colonización: aplaudimos si un grupo catalán canta en castellano, pero... ¿cuándo será al revés? ¡Yo sigo a la espera...! |
Tengo 47 años. Nací en Vic y vivo entre el Empordà, Vic y Barcelona: ¡soy un nómada comarcal! Soy músico: suena romántico, ¿eh? Estoy soltero y tengo una hija, Eugènia, de 11 años. Soy de la izquierda perpleja. Soy agnóstico tirando a comecuras, pero sin morder. Fui el guapo de El Último de la Fila, aunque me conocían como el otro
¿Quién le puso la primera guitarra en las manos?
-La tuna. En el cole.
-¿Cantó Clavelitos?
-Sí. Y más canciones: aquello de "cuando mi barco navegaaaaa por la llanura del maaaaar"...
-¿Se avergüenza?
-Eran horrorosas, pero... tocarlas era un daño colateral que yo asumía gustoso.
-A cambio de...
-Practicar con la guitarra. Tenía 11 años. Con otros amigos de la tuna, al acabar las sesiones,
nos íbamos a tocar lo que nos apetecía: ¡tocábamos canciones de los Rolling Stones con nuestras bandurrias y
mandolinas!
-Toma: de Clavelitos a Satisfaction.
-Sí, sí. ¡Lo que yo quería de verdad era ser un pelut,un melenudo!
-¿Lo consiguió?
-Yo era buen estudiante, formal y educado. ¡Hasta sacaba diez en religión! Pero como yo quería ser un
pelut rebelde, me avergonzaba y me esforzaba en ser mala persona.
-¿Y qué tal le salía?
-Me costaba. Es que si las normas son razonables, yo las acepto fácilmente y me adapto. ¡Qué bagaje genético tan poco
romántico para un rockero...! Eso sí, si las normas son insensatas, no me cuesta nada rebelarme.
-¿Qué normas le rebelan más?
-Las relacionadas con lo espiritual: ahí no trago. El gregarismo me asusta, la masa me da miedo y el
monoteísmo me aterroriza.
-¿Y cuál es su consuelo metafísico?
-El paisaje. El paisaje en estado puro. ¡Soy un contemplador de paisajes!
-¿Dónde los busca?
-Pirineo, Cabrerès, Priorat... Quedan todavía algunos rincones por Catalunya.
-¿Y fuera?
-Me maravilló Venezuela. Sus colores, sus olores... ¡Huele a una mezcla de
gasolina y chicle de fresa! Es raro, pero yo me entiendo.
-¿Viaja mucho?
-No. Yo jamás he visitado sitios en plan turista. Siempre han sido viajes
para ir a actuar con El Último de la Fila.
-¿Qué le ha quedado de aquella etapa?
-Fui afortunado: llegas a donde soñabas, tocas con los mejores, aprendes
mucho... ¡Y en esa época se vendían discos, a los músicos nos escuchaban como a filósofos...!
Pero yo siempre me decía: "Es todo fantástico, pero... ¿no estaré perdiéndome algo?".
-¿El qué?
-No sé. Algo, lo que sea... Yo siempre estoy haciéndome esa pregunta...
-¿Por eso se acabó El Último de la Fila?
-Fue algo que decidimos Manolo García y yo de mutuo acuerdo. En mi caso fue por esa inquietud.
Yo quería pisar nieve virgen.
-Ya han pasado seis años. ¿Qué tal?
-Muy bien. La vida es un tobogán, ¡y me encanta la sensación de deslizarme por él!
-Cuando actúa Manolo García, ¿va a verle?
-Es que en un concierto hay demasiada gente, no puedes sentarte, el sonido retumba...
Me da mucha pereza ir a conciertos.
-¿Siguen viéndose Manolo y usted?
-La relación es cordial, pero no nos vemos mucho, la verdad. Cada uno lleva su vida.
-Volvamos al buen estudiante que usted era: ¿hasta dónde llegó con sus estudios?
-Hasta la universidad. Como me gustaba escribir, me matriculé en Periodismo. Sólo duré hasta marzo.
Al curso siguiente, me matriculé en Filosofía. También llegué sólo hasta Semana Santa, hasta marzo.
-Pero... ¿qué pasaba en marzo?
-Que hacía muy buen tiempo.
-Ah.
-Sí, y subía a mi moto y,... scchuuuk..., ¡la carretera me aspiraba! Y de aquí para allá.
-Ya mejoró como pelut, ¡y on the road!
-Sí: buscaba un trabajito de pocas horas, lo justo para ir tirando, y me dedicaba al cortejo y la
vida propia de la edad. Era un on the road de vía estrecha, a la catalana: no tenía dinero
(recursos,que se dice ahora).
-Recursos queda más fino.
-Sí, sí. Ahora a la mierda la llaman residuos.
¡Gestionar residuos,llaman ahora a lo de remenar la merda amb un bastó!
-Total: moto y guitarra, ¿no?
-Sí. Toqué en Tequilimanjaros, The Dumper´s y Kul de Mandril, y en
1980 fuimos teloneros de Los Rápidos, ¡el grupo que a mí más me gustaba del mundo!
-Allí estaba Manolo García, ¿no?
-Sí. Allí nos conocimos, les gusté y pasé a tocar con ellos. Luego formamos Los Burros y, en
1985, El Último de la Fila, donde yo siempre fui conocido como el otro.
-¡El otro, ja, ja...! Es verdad...
-¡Cuando, en realidad, yo era el guapo de El Último de la Fila, ja, ja!
-¿Y cuál es su gran sueño ahora?
-Vivir sin trabajar.
-Es un sueño bastante común...
-Somos primates, hechos para durar 40 años. ¡Yo estoy fuera de garantía, pues!
¡Todos los que mandan están fuera de garantía!
-Pero, aunque no trabajase, algo haría...
-¡Nada! Lo que a mi edad me corresponde es estar subido en un árbol, rascándome los huevos y vigilando a las
hembras y a la prole.
-¿Y cuál es su idea del amor?
-Matar cocodrilos en serie, matar cocodrilos sin cesar para mi Jane,
ambos con poca ropa y alejados de la civilización.
-Y rasgando una guitarra, ¿no?
-Si me fuese a una isla desierta, la guitarra sería lo último que me llevaría.
¡Seguro que me harían tocarla! La guitarra es del todo prescindible.
¡Mejor una navaja y unas cerillas!
-Ha logrado ser pelut inadaptado, veo...
-Lo que yo veo es que hemos montado una sociedad muy sofisticada...
en la que resulta, al final, que los que mejor la entienden y más a gusto se mueven son los chorizos.