"Para los indios norteamericanos, la tierra era un don de la naturaleza, que ofrecía a los hombres
todo lo necesario para vivir, pero a cambio había que cuidarla y respetarla. Este concepto hacía
impensable que la tiera pudiese pertenecer a nadie, y por ello, cuando firmaban tratados de cesión
de tierras con los hombres blancos, los indios pensaban que lo que estaban haciendo era concederles
el derecho a compartir los regalos de la tierra. En ningún caso podían concebir que estuviesen
renunciando a sus derechos sobre ella, ni que los blancos estuvieran comprando la exclusividad de
la explotación de unas tierras que a sus ojos no podían pertenecerle a ningún hombre; para ellos
vender la tierra dividida en parcelas era tan inconcebible como lo sería hoy en día dividir y vender
el aire del cielo. Además, la forma del gobierno de las tribus indias era tal que, aunque hubiesen
considerado que las tierras les pertenecían, ningún jefe tenía el poder necesario para representar a
todos los miembros de una tribu y decidir su futuro mediante la firma de un tratado de estas características."
Los indios de Norteamérica William Sharp