El muslo y el ala.
La bella Clítoris toca el trombón,
lo aprueba el público con una ovación,
la conocimos en alfabetización;
mujeres así ya no se hacen.
El muslo y la ala se los quiero comer,
del pico besarle hasta el sobre-ala
e ir al club náutico y morir ahogado
con un vermut en cada mano.
Fiesta Mayor:
mi carrera es la decimosexta
en el concurso de este año de decorados;
espiga fresca, sudor, churros y amor.
Desde Expeleta hasta Timbuctú
quiero irme de expedición contigo;
fumarnos todo el hachís del Curucú.
Serás mi musa número dieciocho,
la ninfa etérea que me hará soñar
y yo el poeta “sexy” y atrevido,
medio Verdaguer y medio Tarzán.
Y si se me acaba la inspiración
te reharé una vieja canción
que escribí para mi concierto
para moto-sierra y flaviol.
Seremos extranjeros, diremos cosas raras
y naufragaremos en puerto:
gambas y vino blanco.
No nos hacemos ilusiones,
somos muertos de vacaciones,
sardinas de lata con la cabeza cortada,
devueltas al mar.
Lleva un vestido de flores
muy ajustado,
dos sandalias (una en cada pie);
yo la miro muy discretamente
y ella hace ver que no me ve.
La bella Clítoris no me quiere besar,
el público triste llora y pica de pie
y una señora de San Pol dice que
de hombres como yo ya no se hacen.