Yo ya me entiendo.
Una tarde gris
de un día sucio y gris,
a hacer propaganda,
el poeta debe marchar;
trae ropa nueva,
pantalón de lino,
camisa de seda
con botones de marfil.
Vuelvo buena amiga,
vuelvo a tu lado
como vuelve el pepino después de cenar.
Vuelvo a la niñez
con olor de heno
y de alfalfa mojada, yo ya me entiendo.
¿Qué me quieres vieja amiga?
¿Qué quieres hacer de mí?
Estofado de bestia...
tranquila, yo ya me entiendo.
Dios mezcla plagas
con alguna golosina,
a mí me hizo tonto
pero con un cuerpo de figurín.
Demasiadas chicas morenas,
demasiado mar al mar,
demasiados cráteres en la luna,
demasiados hidrógeno, demasiados polos.
Demasiadas puertas y ventanas,
alumnos y profesores,
demasiado peso en la estructura,
demasiados dioses, demasiado de todo.
Bajaré a las minas
y minaré el mundo;
no os quitáis el sueño,
yo ya me entiendo.
En el corazón llevo la espina
y en el pecho la canción;
quizás es al revés,
yo ya me entiendo.
Un fin de semana
de color de anís,
yo quiero ser romántico
y llevarte a París;
regalarte un pato
que se llame Genís;
tú nunca sufras,
normalmente yo ya me entiendo.