Hombres y mujeres de derecho.
De espaldas al mar y a la montaña;
completamente al margen de la actividad industrial;
bajo una col, canta el poeta:
Desde un área de servicio,
mi tierra
es como un harapo manoseado;
un país vencido por delante
y por detrás;
de destartalada dignidad.
Adiós colinas amigas,
adiós ríos,
bosques de encinas y robles y hayas.
Montañas de mi corazón,
adiós estrellas,
adiós al mar puro de cristales y de turquesas.
Ligeramente trastocado, el poeta sigue cantando:
Suena una guitarra
y el sol no quiere salir;
ver la tierra prometida
como hace su último suspiro.
Hola malos olores de infiernos,
sucios y abyectos;
de animales despellejados, olor de sangre y mierda.
Adiós olores de antes:
heno, esparceta;
de lavanda dulce y tomillo al cocido.
Adiós amor, hermosa,
la mejor amiga,
adiós ratita que barría la escalerilla.
Y allí bajo una col,
canta el poeta:
hombres y mujeres de derecho,
adiós para siempre.