Artículo El Pais (01/09/95)
LLUÍS HIDALGO

No saldrán defraudados

No saldrán defraudados. Aquellos que vayan a los conciertos de presentación de unos hombres rana sublevados no saldrán defraudados. Encontrarán todo aquello aquello por lo que han pagado el módico precio de su entrada y aún más. Es cierto, por poco menos de 2.000 pesetas nadie ofrece lo que ellos. Hay un bonito escenario, unas luces encantadoras, siete músicos en escena y un ramillete de canciones tan familiares como las algas al mar. No saldrán defraudados quienes vayan a ver El Último de la Fila.

Cierto es que han perdido chispa reinventándose. Al fin y al cabo, lo que se les pide a los artistas de largo recorrido es que se reinterpreten , no que muten de año en año. Carece de sentido pedir que El Último no suene a Manolo y a Quimi, pero al mismo tiempo justo es solicitar una revisión de sí mismos que sugiera nuevos puntos de vista sobre lo que hacen. En eso, sólo en eso, hay débito en El Último 95-96.

No les ayuda su último disco, demasiado autocomplaciente, un regodeo ombliguista, una espiral centrífuga. Entiéndase, La rebelión de los hombres rana es una vuelta más de tuerca a lo ya conocido, una visión sin nuevas perspectivas. Tal que, pongamos por caso, Tele 5, una oferta ya conocida antes de sintonizada y a la vez sintonizada pero ya conocida.

Buen espectáculo visual

Claro que la diferencia de El Ultimo con todos los demás es que no alargan más el brazo que la manga. Sin aumentar el esfuerzo económico que solicitan de sus seguidores, El Ultimo ha orquestado el mejor espectáculo visual de su carrera. Con ayuda de Comediants, Manolo y Quimi han ideado un espectáculo atractivo y delicado, a la par que poco pretencioso. Fieles a sí mismos, la oferta visual no es protagonista de las dos horas de música que despliegan en escena, y funciona como una simple apoyatura.

Porque incluso Manolo está más contenido, más sobrio; sobreactúa menos. Al menos así estuvo en Reus, en el primer concierto de la gira. Muy bien de voz, controlando perfectamente su relación con el público y con la veteranía que dan los años de escenario, el del Clot pareció uno más de la banda, cuando es el líder escénico de la misma. Él y el resto del grupo, a todo esto el mismo grupo de las últimas temporadas, se pasearon sin aspavientos por 28 temas, unas dos horas de clásicos arreglados para el directo sin asumir riesgos, sin disimular una cierta monotonía sólo rota en momentos determinados. Cada uno tendrá el suyo, y sus fans todos. Lo cierto es que el estreno 95-96 de El Ultimo fue un éxito, otro más de unos clásicos que se han ganado a pulso su status y que es posible que lo abandonen antes de que lo diga el propio público. De momento a éste le permiten salir de sus conciertos con la convicción de no haber malgastado el dinero.